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10 razones científicas por las que te sientes triste

 

Si le preguntas a una persona que está triste por qué se siente así, lo más seguro es que te responda que su estado de ánimo se debe a alguna vivencia desagradable.

Sin embargo, no solo nuestras experiencias determinan si estamos felices o deprimidos, también influyen factores como el modo de vida, las expectativas propias, e incluso las hormonas (estas últimas aplican tanto para hombres, como para mujeres).

A veces, amaneces sin un ápice de motivación, y con un pensamiento recurrente: “La vida es gris, y sin mucho sentido”.

Puedes identificar algunas cosas que te desagradan, pero son las mismas con las que lidias a diario sin esa acusada sensación de tristeza, lo cual significa que debe haber algún factor adicional.

¿Estás teniendo un mal día? En realidad existen muchas razones científicas completamente independientes de tu situación, y que hacen que te deprimas. Vamos a explorar diez de ellas en este artículo.

1.- Químicos en el cerebro

Algunas personas tienen neuronas más sensibles a los neurotransmisores del estrés.

La medicina moderna, tiene muy poco tiempo estudiando los secretos de la neuroquímica, y aún le falta un largo camino por recorrer.

Pero lo que sí es un hecho, es que la serotonina, y la norepinefrina juegan un papel fundamental en tu estado de ánimo.

Sin embargo, como cada cerebro es diferente, no todos aquellos que padecen depresión obtienen los resultados esperados después de probar con las drogas más comunes.

Algunos pacientes pasan por un largo proceso de prueba y error con múltiples medicamentos, y al final comprenden que lo que les funciona realmente, es tomar terapia psicológica, o hacer cambios positivos en sus rutinas diarias.

Esa es la razón por la cual incrementar la disponibilidad de dichas sustancias en el cerebro es el objetivo principal de la mayoría de los antidepresivos.

Otro químico que comienza a cobrar relevancia en lo que respecta al cerebro, y el estado de ánimo, es la galanina, que aparentemente se vincula con nuestra capacidad de sobreponernos anímicamente a experiencias desagradables.

Así que antes de sucumbir frente al desconsuelo, es mejor pensar en tus niveles químicos cerebrales.

Lee nuestra guía sobre cómo dejar de ser amargado con este método probado paso a paso

2.- El clima

¿Alguna vez te preguntaste por qué usamos la metáfora del “día triste” con tanta frecuencia para referirnos a la bruma? Pues es porque en realidad nos afectan a nivel biológico.

Quizá un solo día nublado y con lluvia, no te provoque depresión, pero, si a la mitad de la estación invernal te sientes melancólico, o con menos ánimo que de costumbre, bien puede deberse a que tu organismo está experimentando una carencia de luz solar.

Quienes practican con frecuencia actividades al aire libre, tienen niveles más saludables de neurotransmisores.

Y esto puede deberse al efecto benéfico de la luz del día en sus procesos metabólicos, ya que el sol estimula la producción de vitamina D, una sustancia que combate el desánimo.

Además, también está demostrado que durante la primavera y el verano, los seres humanos tendemos a ser más creativos y felices.

3.- Falta de vitamina D

La relación entre la depresión y la vitamina D, es un hecho científico. Aunque no se conocen exactamente los mecanismos por los cuales es capaz de hacernos más felices, esta sustancia es sin duda un regulador anímico.

Sin embargo, la mayoría de los individuos tenemos deficiencia (aunque sea ligera) de ella.

Los expertos consideran que esto se debe a que hemos construido un estilo de vida que nos mantiene dentro de edificios, lejos de la luz natural, a diferencia de nuestros antepasados que desarrollaban casi todas sus tareas bajo el sol.

4.- Hormonas

No vamos a negar que las mujeres son más vulnerables a la tristeza, sobre todo en las fases claves de su ciclo (como la ovulación, y la menstruación).

A pesar de ello, los hombres también pueden deprimirse, dado que estas sustancias son poderosos mensajeros biológicos, que regulan gran parte de nuestras conductas, y apetencias como: hambre, sueño, y el instinto sexual.

También controlan en gran medida las respuestas agresivas o pasivas hacia el entorno, por lo que pueden volverte irascible o hipersensible, al modificar la manera en que tu cuerpo reacciona a los estímulos del exterior.

Los sujetos con este tipo de descontrol, deben acudir al médico para que les indique cuáles suplementos han de incluir en su ingesta para restaurar el equilibrio hormonal.

5.- Expectativas

Imagina que sales de casa, como cualquier “día normal”, y te encuentras en el suelo dinero. Seguramente te pondrás muy feliz.

Ahora, imagina que este extraño fenómeno se repite durante toda una semana.

Si al octavo día no encuentras nada en la calle, es probable que te decepciones, y te sientas afligido. Aunque una semana antes, ni siquiera imaginabas que podrías experimentar tal “suerte”, por lo que tampoco te importaba encontrar o no efectivo en tu transitar.

Sucede lo mismo con nuestras expectativas. A veces, son muy altas, o un poco irreales, y nos llevan a interpretar eventos neutros como si fueran situaciones negativas.

Lee nuestra guía sobre las 20 señales de que eres una persona muy intensa

6.- Traumas de la niñez

Lo que nos marca durante la infancia suele acompañarnos (para bien o para mal) a lo largo de toda nuestra existencia. Esto sucede porque aún no se dispone de mecanismos de defensa emocional.

Miles de psicólogos coinciden en que los individuos que se vieron obligados a afrontar situaciones atípicas cuando eran niños (como por ejemplo abusos físicos, o desastres naturales) tienen más dificultad para adoptar una visión positiva de la vida.

Debido a que el cerebro reconfigura las respuestas ante los traumas, volviéndonos menos flexibles, en un afán para proteger psíquicamente al “yo”.

7.- Estrés

La depresión y el estrés no son sinónimos, pero ambos pueden adoptar la forma, y la sintomatología del otro.

La respuesta humana ante el estrés, nos permite reaccionar de manera más asertiva, rápida, y enérgica, ante los peligros y amenazas.

Si el estrés por ejemplo, lo causa un león que quiere atacarte, es necesario que tengas la energía para huir.

Cuando actuamos de esta manera, la misma acción de ataque o de huida, permite que dichas hormonas se disipen, pero ¿qué sucede cuando el estrés viene de un mal día de oficina del que no podemos escapar, y sin la opción de agredir a nuestro jefe?

Toda esa incomodidad se va acumulando, y va debilitando nuestras defensas tanto físicas como emocionales, lo cual puede desembocar en una menor capacidad para enfrentar con buena actitud los problemas diarios.

8.- Enfocarte en los problemas

Todos tenemos algún aspecto social, emocional o personal que nos gustaría cambiar, pero eso no significa que dediquemos la mayor parte del tiempo a sentirnos frustrados por lo que no tenemos, o porque las cosas no sucedan como esperamos.

Los pensamientos negativos son necesarios, en la medida que nos impulsan a tomar acción, y a cambiar aquello que nos desagrada.

Pero cuando comienzan a generar desesperanza, y quedas inmerso en un círculo de ideas nocivas, debes procurar distraerte con algo que te ayude a poner en orden tu entorno, como limpiar tu recámara, salir a trotar, o concentrarte en realizar de mejor forma tu trabajo.

Estas son buenas estrategias para mantener a raya la melancolía.

9.- Eres muy duro contigo

Aquellos que se critican duramente a sí mismos, no siempre son los más exitosos como podríamos llegar a creer, pero sí tienden a ser “menos felices” que los demás.

Si tienes una voz interior que constantemente está criticando, y demeritando todo lo que haces, especialmente cuando enfrentas problemas (aunque no sean tu culpa) es exactamente igual que tener a alguien diciéndote que no eres lo bastante bueno.

Evidentemente, eso va a causarte desasosiego.

Dejar de ser tan duro consigo mismo, es una de las primeras recomendaciones que los psicólogos les hacen a los pacientes deprimidos.

¡Eres un ser humano con errores y defectos, y eso está bien! Pero existen muchas cosas que realizas maravillosamente, y son esas las que importan.

El primer paso para evitar que tu “crítico interno” controle tu estado de ánimo, es volverte consciente de todo lo que te reprochas, luego racionalizarlo, y por último deberás trabajar activamente para convertir esas críticas en motivaciones.

10.- Soledad

La soledad puede causar congoja y depresión, porque estamos biológicamente diseñados para vivir en sociedad.

No importa lo ermitaño que pretendas ser, en algún momento necesitarás de la comprensión, y de la compañía de alguien más.

Está comprobado que quienes se desarrollan en familias funcionales, o rodeados de amigos, y colegas, que comparten sus mismos intereses, no solo son más felices, sino incluso más longevos.

Quizá parte de tu apatía se deba a que te has retraído demasiado de tu círculo social.

Es perfectamente normal, y saludable, que quieres alejarte de las personas conflictivas, pero debes aprender a reemplazarlas por amigos y conocidos, que te ayuden a vincularte genuinamente, en un nivel de confianza y apertura.

Conclusión

Las razones para estar triste son múltiples, y muchas de ellas insospechadas, pues provienen de mecanismos emocionales, físicos y sociales, los cuales desconocemos.

Pero de ninguna manera significa que no puedas combatir el desánimo de tipo hormonal o estacional.

También hay múltiples estrategias a las que puedes recurrir para deshacerte de la tristeza, y la mayoría tiene que ver con mejoras simples en pro de tu bienestar, así como aprender a detectar, y manejar los pensamientos negativos.

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