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¿Por Qué Te Sientes Tristes Y Qué Debes Hacer Cuando Pasa?

Aunque no lo creas, la tristeza, así como la alegría, el enojo y el miedo, tiene una razón de ser. Es una herramienta evolutiva, y pese a que sentirla no es agradable, tiene una función crucial que nos ayuda a mantenernos sanos de forma integral.

¿Quieres conocer cuáles son las insospechadas ventajas de permitirte sentir tristeza de vez en cuando? Sigue leyendo este artículo.

¿Lo normal es estar felices todo el tiempo?

Nadie pone en duda que sentirse feliz es bueno. De hecho, pareciera que durante los últimos veinte o treinta años las personas en todo el mundo han comenzado una cruzada contra la tristeza, tratando de mantenerse (o al menos de aparentar que se mantienen) en un estado de alegría perpetua.

La verdad es que no podemos estar todo el tiempo en el estado de éxtasis de los actores de los anuncios de televisión.

Aunque la mercadotecnia nos quiere hacer creer que esa es nuestra naturaleza, simplemente sería imposible y nada genuino sentirnos así en todo momento.

Esta sociedad moderna le ha dado un tinte políticamente incorrecto o enfermo a cualquier sensación vinculada con la tristeza, ya se trate del duelo, la pena, la vergüenza, la frustración, los celos, la inseguridad o la envidia.

Cuando aparecen, tratamos de suprimirlas, esconderlas o negarlas. Y si no lo logramos, vamos corriendo a medicarnos o tratamos de distraernos con cualquier cosa, por dañina que sea, para dejar de sentirlas.

Lee nuestra guía sobre las 10 razones científicas de porque te sientes triste

¿La tristeza puede ser algo positivo?

Como experimentarla no es placentero, se dice que la tristeza es una emoción negativa. Pero esto es un error de apreciación.

Las emociones no son “positivas” o “negativas”, sino que tienen una finalidad, y para alcanzarla nos causan aversión o placer hacia ciertas cosas, y también incrementan o disminuyen nuestro nivel de energía.

Se trata de mecanismos reguladores de nuestro comportamiento que se diferencian por muchos más factores que el simple hecho de sentirse bien o mal. Y tener solo reguladores “positivos” no serviría de gran cosa, pues no tendríamos espacio para la reflexión, el análisis y la precaución, por ejemplo.

Debajo de la superficie, cada emoción orquesta un complejo mecanismo de cambios en las creencias, la motivación, la forma en que enfocamos nuestra atención, la percepción de nuestro entorno, las memorias que evocamos, nuestra química cerebral y, por supuesto, la forma en que nos comunicamos.

Sudar, tener el pulso acelerado, llorar, reír, gritar, temblar, y muchas otras actitudes son parte de la combinación particular de consecuencias físicas y conductuales que aparecen cuando nos sentimos de determinada manera.

Cada componente individual de cada emoción tiene alguna tarea crítica que completar, ya sea prepararnos para la lucha en el caso de la ira, urgirnos a conseguir ciertas cosas en el caso de la envidia, o paralizarnos para evitar el peligro, una de las reacciones más comunes del miedo.

La tristeza tiene su propia función. Cuando estamos deprimidos, es como si la energía nos abandonara y no pudiéramos dejar de pensar en aquello que nos pone tristes.

La función adaptativa de este sentimiento es que nos detengamos a reflexionar sobre algo que podría generarnos algún daño, que tengamos tiempo para liberarnos de las emociones que nos vinculan a un problema y que no tomemos acciones precipitadas.

La tristeza también sirve como catarsis para el enojo que no ha podido liberarse, e incluso para la alegría excesiva ¿te ha pasado que estás tan feliz que terminas llorando? Bueno, eso es porque la tristeza sale al rescate cuando una emoción así nos sobrepasa.

¿Para qué sirve estar triste?

Solemos pensar que los sentimientos y la razón se contraponen. Que pertenecen a universos distintos. Pero estos casi siempre derivan de pensamientos, interpretaciones de la realidad o necesidades que son muy conscientes.

Las emociones identifican problemas y oportunidades, movilizan mecanismos físicos y mentales que nos ayudan a solucionar los primeros y a aprovechar las segundas. Son instrumentos de supervivencia. De hecho, nos habría extinto hace bastante sin ellas.

Sentirnos tristes o enojados de vez en cuando no solo es crucial para nuestra existencia, también, y aunque suene paradójico, es necesario para sentirnos bien, desarrollarnos adecuadamente y ser exitosos.

Por muy optimistas que seamos, tenemos que aceptar que el mundo es un lugar complicado y lleno de decepciones y peligros.

Para enfrentar adecuadamente los retos de la vida, es necesario contar con el abanico completo de expresiones psicológicas que nos caracteriza como seres humanos.

Así que la solución no es tratar de evadir la tristeza, o cualquier otra emoción displacentera, sino encontrar la manera de canalizarla para que cumpla su cometido, y regresemos a un estado genuino de bienestar.

Algunas de las funciones concretas de la tristeza son:

1.- Proteger

Cuando alguien te grita, te insulta o te hace daño de alguna manera, lo más probable es que eso te enoje o te entristezca. La diferencia entre una y otra reacción por lo general tiene que ver con qué tanta capacidad y derecho creemos tener de defendernos.

Dos personas pueden reaccionar de maneras completamente diferentes ante la misma afrenta. Imagina a dos hermanos que son maltratados por un tercer hermano mayor. Quizá el primero reaccione de forma agresiva, y el segundo se aleje y se deprima.

El que reaccionó de manera agresiva lo hizo así porque en el fondo considera que, aunque esté en desventaja, sus acciones pueden cambiar la actitud de su hermano, y que tiene derecho a defenderse.

El que reaccionó con tristeza, lo hizo así porque siente que lo mejor que puede hacer para evitar el daño, es retirarse.

A veces la manera más asertiva de actuar es retirándonos y buscando un espacio protector.

2.- Reflexionar

Cuando estamos tristes, es difícil distraer nuestra atención de aquello que nos tiene así. Esto no es gratuito. Si los problemas no nos causaran tristeza podríamos olvidarnos de ellos antes de encontrar una solución, lo cual solo haría que se agravaran.

En este estado, somos más propensos a pensar que a actuar, y eso nos ayuda a no tomar decisiones apresuradas que podrían resultar contraproducentes.

3.- Aceptar

La aceptación es parte fundamental de cualquier proceso de pérdida; la única emoción en cuyo contexto podemos concretarla es justamente la tristeza.

Si no aceptamos plenamente que hemos perdido algo que queríamos, como un trabajo, un ser amado o una relación, no podemos seguir adelante ni avanzar hacia otros logros en la vida.

Muchas personas se quedan atascadas en ciertas situaciones de vida negativas precisamente porque nunca aceptaron la pérdida.

4.- Soltar

Finalmente, la tristeza nos sirve para soltar emociones que ya no nos serán útiles. El mejor ejemplo de ello es cuando una relación termina y necesitamos soltar el amor, o al menos la parte posesiva del amor que le teníamos a esa persona.

La tristeza es justamente ese proceso mediante el cual vamos liberándonos dolorosamente de algo que estorba. El proceso no será agradable, pero el resultado será una saludable depuración interior y la posibilidad volver a sentirnos felices.

Conclusión

La tristeza, al igual que el resto de nuestras emociones, tiene una razón de ser. Evadirla o negarla no es saludable porque implica negarnos la posibilidad de atravesar un proceso de duelo, pérdida o dolor de cualquier tipo de forma natural.

No dejes que los demás te digan que no tienes derecho a sentirte triste. Pero tampoco te estanques en ese sentimiento. Lo mejor que puedes hacer es utilizarlo para reflexionar, aceptar, soltar o protegerte a ti mismo, y luego volver a encarar la vida con optimismo.

 

Queremos leerte ¿tú cuál crees que es la mejor manera de convertir la tristeza en algo positivo?

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