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Cómo dejar de amar a alguien que te hace daño

 

“Nada nunca sale de nuestras vidas hasta que nos enseña lo que necesitamos saber” Pema Chödrön

Lo sabemos. Hay una persona que te lastima una y otra vez, pero simple y llanamente pareces no ser capaz de dejar de amarla.

El problema no es tanto que la quieras, sino que siempre terminas cediendo sus demandas, sintiéndote mal por lo que hace o dejando que te haga daño.

Las cosas son mucho más complejas de lo que los demás creen. Aunque todos te dicen que simplemente “te alejes” como si fuera lo más sencillo del mundo, tú experimentas el vínculo que te ata a la otra persona como algo imposible de romper.

Tienes mucho miedo de que te siga hiriendo. Pero tienes todavía más miedo a tomar la resolución de irte. Estás convencido de que de algún modo las cosas están así por tu culpa, y de que no te estás esforzando lo suficiente.

Aunque, muy en el fondo de ti, a veces se escucha una sutil vocecita que te dice que el problema no eres tú, y que te mereces algo mejor.

¿Estás atrapado en una relación así? Entonces lee este artículo hasta el final.

 

Aquí no simplemente te daremos respuestas simples como que “te alejes de esa persona”, sino que te explicaremos más a fondo el porqué de que estés tan vinculado a alguien que no te hace bien.

Y cuáles son las estrategias verdaderamente efectivas para que puedas volver a ser libre sin culpa ni resentimiento.

Es importante aclarar que las relaciones tóxicas entre una víctima y un victimario no solo se dan en el contexto de la pareja romántica. También es frecuente que se desarrollen entre padres e hijos, amigos e incluso compañeros de trabajo.

No eres la única persona en el mundo que está pasando por algo así. Es más, casi todos hemos estado en una relación con alguien a quien amamos, pero que nos hace daño. Quizá has estado en una relación con alguien a quien quieres, pero a quien le haces daño.

Es parte de la naturaleza humana. Pero eso no significa que estemos condenados a vivirla, ni que debamos resignarnos. Tienes que hacer todo lo que esté en tus manos por cuidar de ti mismo.

Antes de continuar, debemos aclarar que tal vez “dejar de amar a alguien que te hace daño” no sea la expresión correcta. Quizá deberíamos verlo más cómo “evitar que alguien a quien amas te haga daño”.

El amor a veces es tan fuerte y tan irracional que deshacerse de él parece un sueño imposible. Pero evitar que nos hagan daño es una meta más aterrizada y manejable, así que comenzaremos por allí.

Para escapar de una dinámica en la que constantemente eres víctima de otra persona que se aprovecha de tu amor hacia ella, sigue estos pasos:

Lee nuestra guía sobre el amor no correspondido: Cómo lidiar con el dolor

1.- Acepta y comprende el problema

La negación, la justificación y los auto-reproches son de las tácticas más comunes que usan las personas cuando están en una relación con alguien que les hace daño. Sobra decir que no son ni de lejos las más eficientes para su salud emocional.

Primero definiremos esas tácticas comunes:

a) La negación: Aparece cuando hacemos hasta lo imposible por no ver el problema que tenemos enfrente. Lo ignoramos, normalizamos o minimizamos. Se expresa con constantes mentiras hacia uno mismo y con esfuerzos para olvidar de forma forzada todo el daño que nos ha hecho esa persona a lo largo del día.

Uno de los ejemplos más claros y drásticos de la negación del problema es el ejemplo de la mujer golpeada que no solamente trata de convencer a los demás, sino que también lo hace a sí misma, de que sus moretones son consecuencia de un accidente, y no de los celos o enojo de su pareja.

Aceptar que hay un problema, como en todo, es el primer paso para llegar en algún momento a resolverlo.

b) La justificación: Sucede cuando, aunque estamos al tanto de que hay un problema, tratamos de restarle importancia achacándolo a las circunstancias más que a la persona.

Si constantemente a la persona que amas le estás justificando las conductas que te hacen daño, entonces es porque te da miedo enfrentar la consecuencia lógica de la verdad: no son las circunstancias, es esa persona, sí, tu amor.

Por ejemplo, imaginemos que alguien siempre está disculpando las críticas de otra persona alegando que tuvo un día muy estresante o que es porque se preocupa por el bienestar de ambos. Sin importar lo duras o fuera de lugar que estas puedan llegar a ser.

Otro ejemplo es el de justificar infidelidades a raíz de que “la situación las fomentó” o de que “el otro fue seducido”. En todos estos casos, estamos queriendo atribuir la responsabilidad de un problema a algo que no está en manos de quien nos lastima.

Pero si lo hacemos así, realmente ¿qué esperanzas tenemos de dejar de salir lastimados una y otra vez, si cambiar no está en manos del otro ni de uno mismo?

c) Los auto-reproches: ¿Tienes esa constante sensación de que, sin importar cuál sea la causa de una discusión o de un conflicto, la culpa siempre la tienes tú?

Hay personas cuya forma de afrontar los problemas es manipular a la otra parte para que invariablemente sienta que es su responsabilidad o su culpa. Por desgracia, también hay quienes se permiten caer en esos chantajes.

Por ejemplo, imaginemos que tienes una ligera diferencia con tu pareja, en la cual como te parece tan evidente que llevas la razón, decides no ceder. Entonces, tu pareja encuentra la manera de “castigarte” por ello, ya sea saliendo a beber, saliendo con alguien más o haciéndote algún daño emocional o físico.

Si al final terminas pensando que todo el problema fue tu culpa por no ceder en un principio, es que el otro ha logrado arrastraste a la dinámica del auto-reproche para salirse con la suya todo el tiempo.

Otra causa de los auto-reproches, aunque la otra persona no te manipule constantemente para que aparezcan, es que tú decidas que el problema sea tuyo y no del otro.

Esto puede derivar de una muy mala autoestima, paro también de un deseo inconsciente de que el problema esté en nuestras manos, porque así, de alguna manera, podremos cambiar las cosas en algún momento.

Aceptar que el problema es del otro, y que muy probablemente no le interese resolverlo, nos enfrenta directamente con una consecuencia lógica pero terrible: debemos dejarlo ir.

No quiere decir que la otra persona sea malvada, pero tampoco es tu responsabilidad

Contrariamente a lo que todos pensamos de forma intuitiva, el hecho de que otra persona nos haga daño no necesariamente implica que sea mala.

Al contrario, la mayor parte de las personas que toman el papel de victimarias en sus relaciones lo hacen porque:

1) Tienen miedo de volver a ser lastimadas

2) No tienen la capacidad de admitir sus defectos

3) Son profundamente egoístas

4) Quieren “atar” a las personas para no quedarse solos

5) No conocen formas asertivas de lidiar con los conflictos

6) Son emocionalmente inmaduras

Seguramente tú comprendes o intuyes cuál es la causa particular por la que una persona que amas, te haga daño con frecuencia. Pero recuerda que esa puede ser la trampa principal.

Al saber que no lo hacen por maldad, interpretas que no tienes derecho a recriminarles sus conductas, aunque te afecten.

Miles de mujeres y también de hombres alrededor del mundo que frecuentemente se enfrentan al maltrato, se justifican una y otra vez diciendo cosas como:

“Me pega porque me quiere”

“Me cela porque tiene miedo de perderme”

“Me grita porque le gritaban en la infancia”

“Me lastima porque no conoce otra manera de expresar sus sentimientos”

Y si bien, todas estas justificaciones pueden llegar incluso a ser válidas en algún retorcido y enfermo nivel, la realidad es que ni el amor mal entendido, ni el miedo a la soledad, ni los traumas infantiles, ni la falta de asertividad emocional del otro son tu culpa o tu responsabilidad.

Veámoslo a partir de un ejemplo completamente frió e impersonal. Imagina que encuentras un perro callejero al que decides adoptar. Con el tiempo, se hace patente que el animal vivió una vida de maltrato y abuso, entonces eso lo vuelve irritable, impredecible y a veces agresivo.

¿Qué vas a hacer? ¿justificar su conducta y dejar que la situación continúe así hasta que ponga en peligro tu integridad o la de tu familia?

Seguramente no. Probablemente tratarías de re-educarlo, recurrirías a un experto en conducta canina y, en el último de los casos y cuando ha quedado claro que no hay solución, sacrificarías al animal.

Bueno, la analogía en este caso no es que reeduques ni mucho menos que sacrifiques a la persona que te está haciendo daño. Pero sí que no te quedes de brazos cruzados y que, si te das cuenta de que la otra persona no va a cambiar, te retires antes de salir más lastimado.

Cuando una persona ha tenido una vida difícil o ha atravesado por circunstancias que la llevan a herir a los demás, consciente o inconscientemente, es su responsabilidad exclusiva encontrar la forma de dejar de hacerlo, no de quienes lo rodean.

Puedes brindar ayuda y apoyo hasta cierto punto y, dejando las ambigüedades a un lado, ese “cierto punto” es precisamente aquél en el que comenzarías a dejar que te hagan daño.

2.- Tienes que ser tu prioridad

En la misma línea de lo anterior, así como las conductas hirientes de la persona que amas no son tu culpa, y tampoco es tu responsabilidad cambiarlas, tienes que estar consciente de que sí es tu responsabilidad cuidar de ti mismo y evitar que te lastimen.

Tú eres tu prioridad, y por mucho que ames a otra persona, llega un momento en que debes de comenzar a luchar por ti mismo. Y si, aunque la ames mucho, la otra persona se niega a luchar por ti también, sabes que llegó el momento de retirarla física o emocionalmente de tu vida.

Esto es muy doloroso e inmediatamente nos detona sentimientos de culpa: sentimos que somos malas personas por irnos, que somos egoístas y que realmente no estamos haciendo por el otro todo lo que deberíamos hacer.

Recuerda, esta es una de las trampas más peligrosas de las relaciones tóxicas. ¡No caigas en ella!

Se requiere mucho valor para alejarse de una persona que te está lastimando cuando realmente la amas porque sabes que no todo es malo, y que, si tan solo se decidiera a cambiar un poco, ambos podrían ser muy felices.

De nuevo, no está en tus manos tomar esta decisión. Pero ¿sabes qué? Hay muchas personas en el mundo que sí están dispuestas a tratarte como te mereces.

Quizá tu relación tóxica actual te ha llevado a pensar que nadie más te querrá de esa manera, y puede que sea cierto, pero si lo analizas es algo bueno, porque la manera en la que te quieren no te está haciendo ningún bien.

Lee nuestra guía sobre cómo superar la inseguridad: El camino a la libertad

3.- Acepta cuándo es necesario dejar de luchar

Cuando aceptas que hay un problema y que la persona que amas, lo quiera o no, está lastimándote, es muy posible que aparezca una duda peligrosa:

¿Debo alejarme del todo o solo debo encontrar la manera de que lo que hace no me afecte?

Probablemente te sientas tentado a elegir la segunda opción, como un intento de que lo malo ya no te afecte y de seguir conservando lo bueno o aquello hacia lo que sientes apego.

Pero la realidad es que “hacer como que no te afecta” es equivalente a negar, minimizar o normalizar el problema.

Llega un punto de quiebre en todas las relaciones tóxicas, en el que se hace patente si la otra persona está dispuesta a cambiar o no, por mucho que haga promesas que luego romperá una y otra vez.

Y no te sientas mal si la respuesta es “no” porque el problema no eres tú. No es como que, de estar con alguien más, la respuesta mágicamente se convirtiera en un “sí”. No es que no valgas lo suficiente, eso tenlo por seguro.

Pero también ten por seguro que en el momento en el que decides seguir permitiendo que una persona a la que amas te haga daño, aunque ya sabes que no quiere, no puede o no le interesa dejar de hacerlo, entonces tú te estás fallando a ti mismo.

Poner distancia real requiere mucho valor, como ya mencionamos, y va a doler, claro, pero aunque no lo creas, va a doler muchísimo menos que si te quedas. Te lo garantizamos.

4.- Perdónate

Así como no es tu culpa ni tu responsabilidad que una persona a la que amas te haya echo daño, necesitas comprender que sí fue tu responsabilidad permitírselo.

Puede que después de comprenderlo te encuentres muy enojado contigo mismo, es normal. Pero también necesitas perdonarte.

Nadie nos da un manual de cómo protegernos a nosotros mismos y la realidad es que las relaciones abusivas tienden a comenzar de manera tan sutil y progresiva que darse cuenta y escapar de ellas no es nada sencillo.

Para poder realmente superar el daño que te hizo alguien a quien amas, no solo debes dejar ir el rencor hacia él o ella, también el que sientes hacia ti mismo.

Lee también nuestra guía sobre cómo olvidar a alguien que ves todos los días sin enloquecer

5.- Rodéate de personas que te hagan bien

No basta con que pongas distancia física y emocional entre tú y quien te hace daño. También necesitas volver a aprender que no todas las relaciones son así.

Rodearte de personas a las que genuinamente les importas y que sí están haciéndote un bien es la mejor manera de que reencuentres tu lugar y tu valía en el mundo.

 

No te encierres en ti mismo. Hay mucho qué conocer y qué vivir allá afuera. Aprende de lo que viviste, pero no te estanques en la amargura, más bien usa ese aprendizaje para desarrollar relaciones cada vez más saludables y más equitativas.

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2 Comments

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  1. Hola
    Estoy en una relación muy tóxico, él tiene pareja, al principio no lo sabía, pero el me dijo que nada se enamoramiento ni una vida junto, después el me dijo que vivía ya con alguien, me dolió mucho deje de verlo y me sentí muy mal, baje mucho de peso y después de casi 2 meses me busco, yo estoy enamorada de él y después de muchos hechos, he decidido dejarlo, este artículo es muy certero, me siento identificada con lo escrito y agradezco mucho está recomendación, lo haré y espero conocer a una persona valiosa. Muchas gracias.

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